Los jóvenes del campo constituyen un grupo diverso y crucial para el desarrollo rural del país. Sin embargo, a pesar de ello, aún no se considera que sean actores fundamentales dentro de las políticas públicas. En términos demográficos, según el Censo de Población y Vivienda de 2017, el 25,2% de la población peruana es joven, es decir, tiene entre 15 y 29 años. De esta cifra, el 20,5% son jóvenes urbanos y el 4,7% son jóvenes rurales. Además, la mayor concentración de jóvenes rurales se encuentra entre los 15 y 18 años, a diferencia del promedio nacional, que corresponde al rango de 21 a 25 años. Esto sugeriría que la juventud rural se ve obligada a iniciar procesos migratorios muy temprano en busca de mejores oportunidades educativas y laborales. Según el Censo Agropecuario de 2012, el 12% de los productores son jóvenes. Sin embargo, no todos tienen acceso a la tierra: el 63% posee parte de la tierra que trabaja. Además, la superficie que trabajan es menor que la de los adultos. En 2017 los jóvenes gestionaron una media de 2,8 hectáreas por productor, mientras que los adultos gestionaron 5,1 hectáreas. Se ha mencionado que, junto con el aumento del número de explotaciones más pequeñas, los jóvenes rurales identifican problemas como la falta de formación adecuada y el acceso limitado al crédito y a los mercados. Aunque ahora hay un mayor acceso a la educación y a los servicios básicos en las zonas rurales, las brechas de género en la juventud rural siguen existiendo y se hacen más graves en las mujeres que experimentan una maternidad temprana: el 50,3% de las jóvenes rurales tienen al menos un hijo y, en comparación con sus pares urbanas, hay una mayor proporción de madres a una edad temprana. El Covid-19 afectó la vida de los jóvenes rurales, especialmente en las áreas del empleo y la educación, lo que ha hecho que se profundicen las brechas en comparación con sus pares urbanos. La migración de retorno a sus tierras les ha enfrentado a otras dificultades como la mala conectividad, que les ha impedido continuar sus estudios, realizar un trabajo remunerado o acceder a tierras en sus territorios. Sin embargo, en algunos casos ha generado oportunidades ligadas a la innovación y a las experiencias aprendidas de quienes regresan. Con el fin de generar oportunidades para este grupo poblacional, la Asociación Nacional de Productores Ecológicos del Perú (ANPE PERÚ) promueve la participación de los jóvenes a través de espacios de capacitación y coordinación nacional. Uno de ellos fue el “Encuentro nacional de jóvenes agroecológicos: Cómo fortalecer el emprendimiento y las capacidades asociativas desde la agroecología», realizado en 2016 con el objetivo de construir una agenda común para la juventud agroecológica, fortaleciendo sus capacidades a través del intercambio de experiencias y el trabajo en red. No obstante, el cambio intergeneracional sigue siendo un grave problema y esto puede afectar las capacidades de ANPE para abogar por políticas más agroecológicas como miembros de CONVEAGRO (Convención Nacional del Agro), la principal organización de pequeños agricultores de Perú.